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¿ES LO MISMO REPARAR Y RESTAURAR? UN ANÁLISIS DESDE LA JUSTICIA RESTAURATIVA



*Daniela Escallón Vicaría

*César Humberto Carvajal Santoyo


En esta entrada, hablaremos de un tema poco explorado a nivel académico en la justicia restaurativa. Analizaremos si existen diferencias, conceptuales o prácticas, entre los términos restauración y reparación. Esta exploración surge a raíz de la aplicación de la justicia restaurativa en el marco de los procesos de reconocimiento de responsabilidad de la justicia transicional colombiana. Así, este sistema permite la realización de trabajos, obras y actividades con contenido reparador-restaurador, de donde surge la pregunta acerca de la identidad o diferencia entre ambos conceptos. (Ver, lineamientos TOAR, JEP).[1]


Como las normas de implementación del componente de justicia del Acuerdo Final de Paz (AFP) utilizan ambas palabras, entonces surge una discusión interpretativa acerca de si estas fueron pensadas (y escritas) por el constituyente y el legislador como simples sinónimos, o si existía la intención de darles un sentido específico, y, de ser así, cuál sería el sentido apropiado. A continuación, mencionaremos algunos puntos para resolver estas preguntas.


Desde un punto de vista puramente gramatical, la RAE define a restaurar como “Recuperar o recobrar. Reparar, renovar o volver a poner algo en el estado o estimación que antes tenía”; mientras que la misma fuente define reparar como “Arreglar algo que está roto o estropeado. 2. tr. Enmendar, corregir o remediar”, de modo que, a primera vista, parece tratarse de sinónimos, que pueden usarse indistintamente, y quizás, para dar énfasis, unidos por una “o” conjuntiva; y que una persona puede evocar el concepto de fondo con cualquiera de las dos palabras.


En una mirada interdisciplinaria, la biología, la ecología, e incluso la neurociencia utilizan el término restaurar para referirse a la capacidad de diversos agentes de responder de forma natural a los daños, o incluso de lograr recuperarse de un daño después de una intervención humana; y, en el ámbito de bienes culturales (obras de arte, edificios, etc), la restauración es usualmente conocida y utilizada para los procesos de arreglar los daños del bien, buscando volverlo a su estado anterior, o el estado más próximo a este.


No obstante, en términos jurídicos no parece tan sencillo verlo así, en especial, por el profundo desarrollo que ha tenido el concepto de reparación; en contraste, el concepto de restauración parece hallarse principalmente en textos que hablan de justicia restaurativa, de manera que para comprenderlo parece adecuado recordar los elementos fundamentales y las finalidades que persiguen los procesos de justicia restaurativa



Así, en especial en torno al derecho a la reparación integral de las víctimas de hechos violentos existe un profundo desarrollo en diversas fuentes del derecho, como leyes, sentencias judiciales, lineamientos y en la doctrina. Sin pretender abordar exhaustivamente la reparación integral, se trata de un derecho que suele concebirse a partir de diversos componentes: indemnización justa, rehabilitación, restitución, compensación, satisfacción y garantías de no repetición (Corte Constitucional, C-538 de 2019). Estas medidas hacen parte de todas aquellas acciones que el Estado o el victimario debe llevar a cabo para reparar al daño causado a las víctimas.


La justicia restaurativa es un proceso que no pone el énfasis en el resultado, sino en la forma en cómo se llevan a cabo las etapas de dicho proceso (Van Camp; 2014), En este sentido, las acciones implementadas en el marco de este paradigma suponen la aplicación de sus principios y finalidades a las tres partes fundamentales de la misma, (i) la víctima; (ii) el victimario; y (iii) la comunidad. De esta forma, la justicia restaurativa busca (i) la responsabilización del ofensor, (ii) la reparación de la víctima y (iii) la reintegración comunitaria o inclusión social. Con base en estos postulados generales se han derivado diferentes formas de conceptualización de la justicia restaurativa, siempre con esta estructura tripartita de finalidades e intervinientes.

En el marco de la justicia restaurativa -y sin que se trate de un acercamiento excluyente al descrito- se han propuesto conceptos o vías hacia la reparación. De esta forma, para Subijana (2012), la justicia restaurativa permite la recreación del vínculo dañado que se puede entender como el ejercicio que permite sanar el daño, resarcir sus efectos, y transformar los lazos sociales rotos por el delito. Para este autor, el uso de los términos restauración y reparación parece ser indiferente, dado que son muchas las formas en las que podemos expresar cuál es el rol de la víctima en el proceso restaurativo, cuáles sus derechos y cómo su interacción con el ofensor y con la comunidad. Son muchas las formas en que podemos o intentamos recrear vínculos afectados por un hecho violento.


Virginia Domingo usa indistintamente en sus publicaciones las palabras restauración y reparación, haciendo mucho énfasis en que la finalidad ultima de la justicia restaurativa esta en la capacidad transformadora, a partir de un conglomerado de procesos y acciones que, por supuesto, incluyen la restauración del daño; la misma autora propone centrar la mirada de la justicia restaurativa en identificar qué es eso que necesitan las víctimas más allá de hacer ejercicios racionales acerca de si una vida, o la integridad de una persona, puede volver a su estado anterior o no. Esta mirada prospectiva de la justicia abandona la idea de volver al estado anterior (que sirvió de contexto a hechos violentos) y se concentra en atender las necesidades actuales de las víctimas, al igual que las capacidades reales de los victimarios. Para otros autores (Lugo-Agudelo, et. Al), sin embargo, podrían existir diferencias entre la restauración (en general) y la reparación de la justicia restaurativa, dado que esta ultima incluye la participación de las partes (y la comunidad) en el marco de sus procesos, lo que conduce a un horizonte más amplio, que no se limita a la reparación directa de las víctimas sino que persigue la restauración social.


Es importante además recalcar que la justicia restaurativa es en sí misma restauradora/reparadora, de manera que la discusión sobre los términos mencionados no tiene sentido, si no se evalúa en una mirada omnicomprensiva con los principios y finalidades propias de la justicia restaurativa que, por supuesto, no se agota con las víctimas, ni con la sola “reparación integral”, en sus distintos componentes.


Este breve recorrido nos muestra que no existe una posición consolidada que permita diferenciar conceptualmente la reparación de la restauración. En el marco de la justicia restaurativa podría afirmarse que la restauración comprende a la reparación, y que esta última solo se alcanza mediante el reconocimiento del victimario, la participación de las víctimas y la recreación de los vínculos sociales, no necesariamente mediante un regreso al pasado, sino también a partir de la transformación social.


La inquietud que enfrenta la JEP en torno a la reparación y la restauración puede ser relevante para la transición. La jurisdicción adelanta distintos macrocasos, algunos ubicados en determinadas regiones, y otros que abarcan el territorio nacional. Tiene el deber y la misión de escuchar a las víctimas y responder adecuadamente a sus expectativas, y estas tienen rostros diversos, lo que exige la implementación de medidas con enfoques diferenciales. Y tiene comparecientes de distintas edades, regiones, capacidades o formación. Por esta razón, es comprensible que la JEP se cuestione sobre el alcance de estos conceptos, y, por ejemplo, pretenda señalar que un TOAR se adelanta con enfoque reparador si se concentra en las víctimas acreditadas, mientras otro tiene un alcance más restaurador si su destino es la comunidad o la sociedad en general. Pero estas distinciones procederán de su práctica judicial y no de la construcción teórica actual de la justicia restaurativa.


A partir de lo expuesto, sin embargo, quizás la pregunta debería modificarse, para indagar si el proceso mediante el cual se proponen, analizan, consultan e implementan los TOAR cuenta con las víctimas, los victimarios y las comunidades; y si este contribuye a la responsabilización, la satisfacción de derechos y necesidades de las víctimas, y la transformación de la sociedad. Si la respuesta es negativa, de nada servirá cubrirlo con uno u otro adjetivo, pues la jurisdicción no estaría en realidad aplicando justicia restaurativa. Si la respuesta es positiva, entonces la JEP habrá avanzado en la transición, entendida en la línea con la transformación social previamente descrita.


En estos términos, lo que interesa a la justicia restaurativa no es el término que se use para referirse a algunas de sus finalidades esenciales, sino que, en el marco del proceso judicial se garanticen derechos de forma restaurativa; a partir de (i) la responsabilizacion del ofensor, como un ejercicio de reconocimiento del daño, reconocimiento de la víctima, reconocimiento de la responsabilidad y manifestación de las intenciones de reparación; (ii) la restauración o reparación del daño y de la víctima a partir de la identificación de necesidades surgidas por el hecho victimizante; y, (iii) la inclusión comunitaria de las victimas y victimarios a una sociedad transformada por el proceso judicial y consciente de la necesidad de reintegrar aquellos que afectados por el delito.


[1] De acuerdo con el Acto Legislativo 01 de 2017 y la Ley 1957 de 2019 (estatutaria de la JEP), las sanciones propias son aquellas que impondrá la JEP a los comparecientes que reconozcan plenamente responsabilidad, en el marco del procedimiento dialógico a cargo de la Sala y la Sección con reconocimiento de verdad. Las sanciones propias incluyen una medida restrictiva del derecho de circulación (pero no privación de libertad en una prisión), así como la ejecución de trabajos, obras y actividades con contenido reparador-restaurador.

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